Para la libertad (Crítica)

17/8/19

Si no me falla la memoria, esta es la séptima vez que veo la obra, en sus diferentes versiones. Y ratifico lo que dijo en la conferencia de prensa su creador, Omar Olvera; esta es la mejor versión de la obra. Si bien hay algunos pequeños elementos que, a mi juicio, la hacen fallar; existen muchos otros que mejoran la calidad del texto y, por ende, la calidad de la obra que es presentada al público.

Para la libertad, México 68 es una obra que utiliza música de Joan Manuel Serrat para dar voz a momentos que viven los personajes. Situada en el Colegio de San Carlos durante el Movimiento Estudiantil del 68 es no solo una obra que busca recordar el cruel momento histórico, sino que también nos hace reflexionar sobre las otras situaciones sociales que estaban ocurriendo al momento y que son olvidadas ante la derrama de sangre.

Como en una obra que ha evolucionado sobre las tablas hay muchas capas que tocar. Vamos a empezar el análisis y espero que esto los anime a descubrir esta obra mexicana.

Primer ingrediente: el romance. ¿Qué sería de la vida sin el amor? Son dos los personajes que se enamoran del “protagonista” llamado Mario (Jorge Mejía / Roberto Salguero). Uno no es correspondido y lo vemos al final convertido en el verdadero hilo conductor de la historia en una especie de zurcido invisible que es de lo mejor que presenta el texto. Mario es un muchacho que estudia arte y que, más que actuar, termina siendo llevado por diversas situaciones a su alrededor. Si bien no es un ser pasivo, sus más importantes momentos son consecuencia de estar en un lugar y no de sus propias acciones. El romance que desarrolla es uno de los momentos de calma de la obra que permiten que la obra avance pues, como a muchos, el amor le da valor.

El segundo personaje que se enamora de Mario, es nuestra protagonista femenina: Lucía (Lorena Vignau / Lucía Huacuja). Es la hermana Miguel quien es un personaje envuelto en demasiados misterios en el desarrollo de la obra. Ella es un agente externo a los artistas de la academia de San Carlos y queda fascinada por la visión diferente del mundo y su forma de expresar sus ideas. Su vida era muy vigilada por su madre (Irasema Terrasas) quien no quiere que su hija repita sus errores. Muy claro queda que estas limitaciones y miedos creados en el hogar son los que propician que ella termine en el encuentro de su grito de libertad en más de un sentido.

El otro importante tema que se trata es el de la liberación sexual. En la obra nos topamos con varias pequeñas historias sobre homosexualidad que terminan siendo poderosos detonantes para los acontecimientos de la obra. Este punto no quiero expandirlo ya que arruinaría la trama, que al menos para mi, es la principal en el hilo conductor de la obra. No con ello se debe creer que es una obra para la llamada comunidad, sino más bien debe darse la lectura de que es un tema que puede ser tratado al mismo nivel que los otros que aborda socialmente, ni mas ni menos importante.

Del elenco destacan mucho Juan Pablo Ruiz (Federico) y María Jose Bernal (quien es cover e interpreta algunos pequeños papeles que podríamos llamar “cameos”). Juan Pablo es un muchacho que es muy versátil en cuanto a la variedad de trabajos en los que lo podemos encontrar y que le falta solamente el reconocimiento para ser un estelar en cualquier compañía sin el riesgo de ser el cover de un foquito navideño. Por su parte María José es una de esas actrices que ejecuta perfectamente su papel sin importar el tamaño, además de que brilla por su profesionalismo.

El trabajo realizado por Lorena y Lucía en las dos funciones que vimos es exacto. Cada una tiene un estilo propio, pero que pese a ello respetan la línea del personaje. Hay momentos en los que destacan más una que la otra, pero no por ello son malos los dos trabajos. Son de esas niñas que hacen muy buen trabajo en teatro y que, me da coraje, no sean tan reconocidas por ciertos factores que en su mayoría no tienen control.

La obra no es sobre la matanza, al menos yo no le doy esa lectura. Si, esta situada en el trágico año de 1968 y el cierre es durante la fecha del dos de octubre, pero esto es más una conclusión para la historia de los personajes que la razón de ser de la obra. La obra es, para este crítico, una narrativa del momento social que se vivía y que, en la derrama de sangre, es olvidado en sus diversas aristas y capas.

Hay un solo elemento en la obra que parece ser intocable para el autor y para los directores y es el gran fallo de la obra. Se les ha comentado en diversas ocasiones y no han escuchado razones. Lo único que mencionaré al respecto es que todos deben cantar en la misma idea, en la misma frecuencia, en la misma línea.

 

Calificación 8/10

 

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Publicado el 21 agosto, 2019 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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