Panda Malo, celebra la diversidad (Crítica)

24/2/18

Hay temas que luego son difíciles de hablar o tratar. Afortunadamente han sido muy inteligentemente abordados gracias al auge del genero del Stand-Up Comedy. Para muchos esta forma de comedia es un tipo que solo debo quejarse, burlarse o decir groserías, pero la verdad es que no tiene nada que ver con esto. Si bien en un nivel básico es una introspección, para el escritor avanzado es una muy atinada observación de la sociedad que le rodea. Precisamente esto es lo que logró Megan Gogerty con el texto de Bad Panda.

Cuando solo quedan dos pequeños pandas en el mundo, Gwo-Gwo y Marion, y es temporada de apareamiento, hay que hacer lo que se debe hacer. ¿Pero como? Ellos solo saben jugar, comer bambú y claro, ser tiernos. A esa difícil mezcla, hay que agregar al cocodrilo Chester, depredador alfa, que queda cautivado por estos omnívoros gigantes originarios de China. ¿Pero por que están compartiendo un espacio estas dos especies? Es difícil de entender pero todo es culpa de “ellos” y son “ellos” los responsables de muchas cosas en los alrededores de su ecosistema.

 

La forma en que son tratados los temas es genial. Es hasta que uno da una segunda mirada a cada escena que se da cuenta lo complejo de los temas que están tratando estos tres animales. Desde la identidad sexual, el rol social con el que uno nace, los paradigmas que difícilmente se pueden cumplir actualmente, la paternidad, la amistad, la relación de pareja, la maternidad. Si esto no fuera puesto de forma antropomórfica tal vez sería una obra más seria, pero el que lo estén haciendo de esta forma, les permite ser cómicos, simplones y, aunque suene raro, más reales que los propios humanos.

La dirección y adaptación de Miguel Santa Rita es muy buena, felicito sobre todo el riesgo de ejecutar la obra, en el cambiante espacio que es el Foro Lucerna, al ponerlo en un formato de arena. Los personajes se vuelven memorables. Uno termina enamorado de ellos y queriendo correr a abrazarlos al final de la función. José Ramón Berganza (Gwo-Gwo) alterna de ser tierno a ser una figura dominante, con momentos de duda que lo hacen el más cambiante. Paola Arrioja (Marion) es la más bonita osa panda que nos podemos imaginar, reflejo de muchas mujeres que quieren, pero al mismo tiempo no quieren. Pablo Perroni (Chester) nos muestra que es un actor completo, desde la comedia física, siendo tierno, rudo, sensual… creo que no le falta tocar ninguna emoción aquí. Resaltar que tiene un gran ojo para los proyectos entretenidos de teatro. Como actor se saca un diez, pero como productor merece un 100.

 

Calificación: 5/5

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Publicado el 26 febrero, 2018 en crítica, PGC, teatro. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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