PIEZA INCONCULSA PARA SOFÁ Y DOS CUERPOS (Crítica)

16/11/17

El Teatro NH presenta los miércoles esta obra que semana a semana nos muestra como nace el amor en los tiempos actuales. Comenzando de la forma mas sencilla, un encuentro casual que se ha repetido varias veces en el metro, se convierte en una relación, primero casual, después formal, hasta llegar al punto de compartir el mismo espacio y evolucionar a la separación de los involucrados. Uno de los puntos que mas se aplauden es el hecho de presentar, de manera integra, el mismo guión en dos versiones. Abre los ojos el ver que el amor, el desamor y el romance puede ser igual sin importar que se trate de una relación hombre-mujer u hombre-hombre.

María del Carmen Félix es una de las mejores actrices de la escena mexicana. Desde que conocí su trabajo en 2014 en la obra de AMORatados quedé impresionado por su nivel histriónico. En este nuevo proyecto no decepciona, vuelve a entregarse en mente, alma y cuerpo en un texto complejo de ejecutar de la creación de Mariano Rochman. La vemos ser una mujer en todas las facetas que puede vivir en una relación de pareja. Desde la mujer sumisa, la furiosa, la coqueta, la actual ejecutiva, la enamorada hasta el tuétano y otras más que, como hombre, amamos y odiamos ver en nuestra pareja. Una mujer que cautiva al público con su mirada y rostro expresivo, un cuerpo que transpira sensualidad a todo el teatro y deleita a todos con sus cambios de vestuario en escena que dejan muy poco a la imaginación.

Su compañero en escena es Alfredo Gatica. Él se presenta en las dos versiones de la historia se pone a la altura del reto. Interpreta con pasión su papel de la parte masculina de la relación de buena manera. Esta es la primera vez que lo veo en teatro y no me decepcionó. Muestra el lado tierno que puede tener el hombre, la inocencia, irradia el calor que se vive con el ser amado, se vuelve un patán perfecto cuando llegan ciertos momentos e incluso se molesta como cualquier ser humano por las cosas más insignificantes del mundo como un par de jitomates. Su trabajo es, en momentos, el de soporte en la obra para su contraparte, pero incluso en esta situación lo ejecuta correctamente. De igual manera cuando sobre de él esta el foco de atención lo impone con su presencia física. En este punto lo que no me agradó fue el manejo de sus tonos de voz. Es un punto que se debe trabajar ya que no todo es con expresiones faciales o con el cuerpo, la voz también es una herramienta para el actor, sobre todo en el teatro.

La escenografía esta integrada por un sofá-cama que se transforma en lo que requiere la escena. Desde la cama donde ocurre la intimidad de los personajes, un vagón del metro, la sala del departamento que comparten e incluso la línea imaginaria que los divide mientras hablan entre ellos por teléfono. El recurso es inteligente y me fascina pues, en mi opinión, cuando tienes buenos actores, en conjunción con un buen texto, bien traducido por el director, los demás elementos se convierten en adornos para apoyar a todos los anteriores.

 

Calificación: 4/5

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Publicado el 17 noviembre, 2017 en crítica, PGC, teatro. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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